A las 9:53 del 18 de julio de 1994 un coche bomba estalló en la sede de la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA) y sacudió para siempre a toda la sociedad argentina. Desde ese día y cada aniversario a esa hora exacta, suena una sirena que llama al recogimiento y a la memoria por las 85 víctimas fatales del atentado, sus familiares y los más de 300 heridos que aún cargan con las huellas de ese acto de terrorismo.
"Nuestro país necesita una ley antiterrorista. No puede ser que, después de los dos atentados sufridos, no se haya cambiado en nada el marco legal para prevenir, investigar y castigar este tipo de crímenes”, expresó Amos Linetzky, titular de la AMIA.
“Duele tener que repetir que por el peor ataque terrorista perpetrado en nuestro país, no hay un solo responsable condenado. Ese dolor se acrecienta a medida que pasa el tiempo. Pero no dejaremos de exigir justicia", agregó, en diálogo con Télam.
Detalló que "desde 1994 sabemos que el atentado fue perpetrado mediante un coche-bomba, y que la República Islámica de Irán, sus diplomáticos y la organización terrorista Hezbollah fueron los responsables, y que contaron con la colaboración de una conexión local".
"En reiteradas oportunidades, la Justicia argentina demostró estos hechos. Por lo tanto, se debe seguir exigiendo la colaboración de Irán para que brinde respuesta a los requerimientos judiciales cursados, a lo largo de todo este tiempo", sostuvo; y relató que "algunos de los acusados iraníes han circulado recientemente por países que los reciben y protegen, burlando la exigencia de la justicia local y de Interpol".
En cada acto no solo se invoca la memoria, sino que año tras año se hace más fuerte el reclamo de verdad y justicia, ya que a casi 30 años del atentado y luego de innumerables trabas en la investigación, todavía siguen las dudas. Las heridas continúan abiertas.
Memoria, verdad y justicia es un reclamo que trasciende generaciones, fronteras y que no se silenciará hasta que encuentre respuesta. Hoy, hijos y nietos de aquellas víctimas se encargan de mantener vivo el reclamo y la memoria de sus seres queridos. La sociedad tampoco olvida y exige.